Doctrina


A continuación expresamos lo que creemos conforme alas Escrituras.

Dios

I. La Santa Trinidad

¶A/101. Hay un solo Dios, vivo y verdadero, creador y conservador de todas las cosas. Y en la unidad de esta divinidad hay tres personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Estas tres personas son una sola en eternidad, deidad y propósito, de infinito poder, sabiduría y bondad.

II. El Hijo

Su Encarnación

¶A/103. Dios mismo se encarnó en la persona de Jesucristo para reconciliar a la humanidad con Dios. Concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María, él reunió en sí la deidad de Dios y la humanidad del ser humano. Jesús de Nazaret era Dios en carne humana, verdadero Dios y verdadero hombre. El vino para salvarnos. Por causa nuestra el Hijo de Dios sufrió, fue crucificado, muerto y sepultado. Derramó su vida en sacrificio puro por nuestros pecados y transgresiones. Confesamos con gratitud que él es nuestro Salvador, el único mediador perfecto entre Dios y nosotros.

Su Resurrección y Exaltación

¶A/104. Jesucristo fue levantado victorioso de entre los muertos. Su cuerpo resucitado se hizo más glorioso sin el obstáculo de las ordinarias limitaciones humanas. Así ascendió al cielo. Allá está sentado como nuestro Señor ensalzado a la diestra de Dios Padre donde intercede por nosotros hasta que todos sus enemigos sean puestos bajo completa sujeción. Él volverá a juzgar a todas las personas. Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios el Padre.

III. El Espíritu Santo

Su Persona

¶A/105. El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad. Procediendo del Padre y del Hijo, es uno con ellos, la Deidad Eterna; igual en divinidad, majestad y poder. él es Dios actuando en la creación, la vida, y la iglesia. La encarnación y ministerio de Jesucristo fueron consumados por el Espíritu Santo. Él continúa revelando, interpretando y glorificando al Hijo.

Su Obra en la Salvación

¶A/106. El Espíritu Santo es el administrador de la salvación planeada por el Padre y provisto por la muerte, resurrección, y ascensión del Hijo. Es el agente activo en nuestra convicción, regeneración, santificación y glorificación. él es la esencia misma del Señor, siempre presente con nosotros morando en el creyente, afirmándolo y capacitándolo.

Su Relación con la Iglesia

¶A/107. El Espíritu Santo es derramado sobre la Iglesia por el Padre y el Hijo. Él es la vida y el poder testificador de la Iglesia. Él otorga el amor de Dios y hace real la soberanía de Jesucristo en el creyente de modo que Sus dones de la palabra y de servicio alcancen el bien común y edifiquen y aumenten la Iglesia. En relación al mundo, él es el Espíritu de Verdad y su instrumento es la Palabra de Dios.

LAS ESCRITURAS

IV. Autoridad

¶A/108. La Biblia es la Palabra de Dios escrita, inspirada únicamente por el Espíritu Santo. Da testimonio inequívoco de Jesucristo, la Palabra viva. Atestiguada por la iglesia primitiva y concilios posteriores, es el informe fidedigno de la revelación de Dios, completamente verdadera en todas sus afirmaciones. Ha sido fielmente preservada y su verdad demostrada en experiencias humanas.

Las Escrituras han venido a nosotros a través de autores humanos, que escribieron, movidos por Dios, en las lenguas y formas literarias de sus tiempos. Dios continúa, por la iluminación del Espíritu Santo, hablando por medio de esta Palabra a cada generación y cultura.

La Biblia tiene autoridad sobre toda vida humana. Ella enseña la verdad acerca de Dios, su creación, su pueblo, su único Hijo y el destino de toda la humanidad. También enseña el camino de salvación y la vida de fe. Lo que no se encuentra en la Biblia ni puede ser probado por ella no es requerido como un artículo de fe o necesario para la salvación.

V. La Autoridad del Antiguo Testamento

¶A/109. El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo. Ambos Testamentos dan testimonio de la salvación de Dios en Cristo; ambos revelan la voluntad de Dios para su pueblo. Las leyes antiguas para los ritos y ceremonias, y los preceptos civiles para la nación de Israel no son necesariamente obligatorios para los cristianos de hoy. Pero, por el ejemplo de Cristo estamos obligados a obedecer los mandamientos morales del Antiguo Testamento.

Los libros canónicos son Génesis, éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, I Samuel, II Samuel, I Reyes, II Reyes, I Crónicas, II Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, el Cántico o Cantar de Salomón, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías.

VI. El Nuevo Testamento

¶A/110. El Nuevo Testamento cumple e interpreta el Antiguo Testamento. Es el registro de la revelación de Dios en Jesucristo y el Espíritu Santo. Es la palabra final de Dios a la humanidad, su pecado y salvación, el mundo y su destino.

Los libros del Nuevo Testamento son Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Los Hechos de los Apóstoles, Romanos, I y II Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, I y II Tesalonicenses, I y II Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, Santiago, I y II Pedro, I, II y III Juan, Judas, Apocalipsis.

EL SER HUMANO

VII. Una Persona Moral Libre

¶A/111. Dios creó al ser humano a su propia imagen, inocente, moralmente libre y responsable para escoger entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. Por el pecado de Adán, el humano, como heredero de Adán, está corrompido en su misma naturaleza, de modo que desde su nacimiento está inclinado al pecado. él no es capaz por sus propias fuerzas y obras de restaurar por sí mismo su correcta relación con Dios y merecer la salvación eterna. Dios el Omnipotente, provee todos los medios de la Trinidad para hacer posible que el hombre pueda responder a su gracia por fe en Jesucristo como Salvador y Señor. Por la gracia y la ayuda de Dios la persona es capacitada para hacer buenas obras por su propia voluntad.

VIII. La Ley de la Vida y del Amor

¶A/112. La Ley de Dios para la vida humana, personal y social, está expresada en dos mandamientos divinos “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo.” Estos mandamientos nos revelan lo que es mejor para la persona en su relación con Dios, con otros, y con la sociedad. Ellos fijan los principios del deber humano, tanto en la acción individual como en la social. Reconocen a Dios como el único Soberano. Todas las personas, tal como fueron creados por él y a su imagen, tienen los mismos derechos inherentes sin importar el género, raza o color. Por lo tanto, todos le deben a Dios absoluta obediencia en sus actos individuales, sociales y políticos. Deben luchar por lograr para todos el respeto para su persona, sus derechos y su más grande felicidad en la posesión y el ejercicio del derecho, dentro de los límites de la ley moral.

IX. Las Buenas Obras

¶A/113. Las buenas obras son el fruto de la fe en Jesucristo pero las obras no pueden salvarnos de nuestros pecados ni del juicio de Dios. Como expresiones de la fe cristiana y el amor, nuestras buenas obras, hechas con reverencia y humildad, son aceptables y agradables a Dios. Sin embargo, no se puede ganar la gracia de Dios por las buenas obras.

Salvación

X. El Sacrificio de Cristo

¶A/114. Cristo ofreció una vez y para siempre el único sacrificio perfecto por los pecados de todo el mundo. Ninguna otra satisfacción por el pecado es necesaria; ninguna otra puede redimir.

XI. La Nueva Vida en Cristo

¶A/115. Una nueva vida y una correcta relación con Dios son posibles por medio de los actos redentores de Dios en Cristo Jesús. Dios, por su Espíritu, actúa para impartir nueva vida y llevar las personas a una relación con él, al arrepentirse y al responder su fe a Su gracia. La justificación, la regeneración y la adopción, cada una por sí nos habla significativamente de nuestra entrada y continuidad en la nueva vida.

La Justificación

¶A/116. La justificación es un término legal que pone énfasis en que por medio de una nueva relación en Jesucristo, las personas son de hecho contados como justas, siendo liberadas de la culpa y el castigo de sus pecados.

La Regeneración

¶A/117. La regeneración es un término bio1ógico que ilustra que por una nueva relación en Cristo, uno tiene de hecho una vida nueva y una nueva naturaleza espiritual capaz de tener fe, amor y obediencia a Cristo como Señor. El creyente es nacido de nuevo. él es una nueva creación. La vida anterior ya pasó; ha comenzado una vida nueva.

La Adopción

¶A/118. La adopción es un término filial lleno de calor, amor y aceptación. Denota que por la nueva relación en Cristo el creyente ha llegado a ser su hijo amado, librado del dominio del pecado y de Satanás. El creyente tiene el testimonio del Espíritu de que es un hijo de Dios.

XII. La Entera Santificación

¶A/119. La entera santificación es la obra del Espíritu Santo, después de la regeneración por medio de la cual el creyente plenamente consagrado, ejercitando fe en el sacrificio expiatorio de Cristo, es limpiado instantáneamente de todo pecado interior y equipado para servicio. La relación producida es afirmada por el testimonio del Espíritu Santo y conservada por medio de la fe y la obediencia. La entera santificación habilita al creyente para amar a Dios con todo su corazón, alma, fuerzas y mente y a su prójimo como a sí mismo, y lo prepara para un mayor crecimiento en la gracia.

XIII. La Restauración

¶A/120. El cristiano puede ser mantenido en una creciente relación con Jesús como Salvador y Señor; pero a la vez contristar al Espíritu Santo en las relaciones de la vida sin volver al dominio del pecado. Cuando esto sucede, debe aceptar humildemente la corrección del Espíritu Santo, confiar en la intercesión de Jesús y enmendar sus errores.

Sin embargo, el cristiano puede pecar conscientemente y cortar su relación con Cristo. Aun así, por el arrepentimiento ante Dios, se garantiza el perdón y restauración de la comunión con Cristo, pues no todo pecado es el pecado contra el Espíritu Santo, o sea el pecado imperdonable. La gracia de Dios es suficiente para aquellos que verdaderamente se arrepientan y, con su ayuda, enmienden sus vidas. Sin embargo, el perdón no le da al creyente libertad de pecar sin sufrir las consecuencias.

Dios ha dado responsabilidad y poder a la Iglesia para restituir a un creyente penitente por medio de la reprensión amorosa, consejo y aceptación.

LA IGLESIA

XIV. La Iglesia

¶A/121. La Iglesia es creada por Dios; ella es el pueblo de Dios. Cristo Jesús es su cabeza y su Señor; el Espíritu Santo es su vida y su poder. Es tanto divina como humana, celestial y terrenal, ideal e imperfecta. Es un organismo, no una institución estática. Existe para cumplir los propósitos de Dios en Cristo. Ella ministra a las personas con el amor del Redentor. Cristo amó a su Iglesia y se dio a sí mismo por ella, así que debe ser santa y sin mancha. La Iglesia es una confraternidad de los redimidos y de los que ofrecen redención, predicando la palabra de Dios y administrando los sacramentos de acuerdo a las instrucciones de Cristo. La Iglesia Metodista Libre se propone ser representativa de lo que la Iglesia de Cristo debe ser en la tierra. Por tanto, requiere una entrega específica con respecto a la fe y la vida de sus miembros. En sus requisitos busca honrar a Cristo y obedecer la palabra escrita de Dios.

XV. El Lenguaje de la Adoración

¶A/122. Según la Palabra de Dios y la costumbre de la Iglesia Primitiva, la adoración pública, la oración y la administración de los sacramentos, deben efectuarse en un lenguaje entendido por el pueblo. La Reforma aplicó este principio para asegurar el uso del lenguaje común de la gente. Asimismo, es claro que el Apóstol Pablo pone el más fuerte énfasis en la manifestación racional e inteligible de la adoración. No podemos aceptar las prácticas que violan flagrantemente estos principios escriturales.

XVI. Los Santos Sacramentos

¶A/123. El bautismo con agua y la Cena del Señor son los sacramentos de la iglesia instituidos por Cristo. Ellos son medios de gracia por la fe, pruebas de nuestra profesión de fe cristiana y signos del ministerio de gracia de Dios hacia nosotros. Por ellos, él obra dentro de nosotros para vivificar, fortalecer y confirmar nuestra fe.

El Bautismo

¶A/124. El bautismo con agua es un sacramento de la iglesia, instituido por nuestro Señor, significando la aceptación del beneficio de la redención de Jesucristo, para ser administrado a los creyentes, como una declaración de su fe en Jesucristo como Salvador.

El bautismo es un símbolo del nuevo pacto de gracia como la circuncisión fue el símbolo del antiguo pacto, y como los infantes son reconocidos como incluidos en la expiación, ellos pueden ser bautizados mediante la petición de los padres o tutores que prometan darles la necesaria enseñanza cristiana. Se les requerirá afirmar el voto por sí mismos antes de ser aceptados como miembros de la iglesia.

La Cena del Señor

¶A/125. La Cena del Señor es un sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo. Para aquellos que la reciben recta, dignamente, y con fe, el pan que partimos es una participación del cuerpo de Cristo; e igualmente la copa de bendición es una participación de la sangre de Cristo. La Cena es también una señal del amor y unidad que los cristianos tienen unos con otros.

Cristo, de acuerdo a su promesa, está realmente presente en el sacramento. Pero su cuerpo es dado, tomado y comido solamente de una manera celestial y espiritual. Ningún cambio es efectuado en los elementos; el pan y el vino no son literalmente el cuerpo y la sangre de Cristo. Tampoco están el cuerpo y la sangre de Cristo presentes literalmente con los elementos. Los elementos nunca deben considerarse como objetos de adoración. El cuerpo de Cristo es recibido y comido únicamente por fe.

LAS ÚLTIMAS COSAS

XVII. El Reino de Dios

¶A/126. El reino de Dios es un mensaje prominente en la Biblia proporcionando a la vez al cristiano su responsabilidad y su esperanza. Jesús anunció la presencia del reino. El reino es considerado ahora como establecido en los corazones y vidas de los creyentes.

La Iglesia, por medio de sus oraciones, su ejemplo y la proclamación del evangelio, es el instrumento apropiado, designado por Dios para edificar su reino.

Pero el reino es también futuro y se relaciona con el retorno de Cristo cuando caiga el juicio sobre las cosas presentes. Los enemigos de Cristo serán dominados; el reino de Dios será establecido; una renovación cósmica total, tanto material como moral, ocurrirá; y la esperanza de los redimidos será completamente realizada.

XVIII. El Retorno de Cristo

¶A/127. El retorno de Cristo es seguro y puede ocurrir en cualquier momento. No es dado a nosotros saber la hora. A su regreso él cumplirá todas las profecías concernientes a su triunfo final sobre el mal. La reacción del creyente debe ser gloriosa expectación, vigilancia, preparación espiritual y diligencia.

XIX. La Resurrección

¶A/128. Habrá una resurrección corporal de los muertos justos e injustos, los que han hecho bien a resurrección de vida; los que han hecho mal a resurrección de condenación. El cuerpo resucitado será completo y mantendrá su identidad. La resurrección de Cristo es la garantía de resurrección para aquellos que están en él.

XX. El Juicio

¶A/129. Dios ha designado un día en el cual él juzgará al mundo con justicia de acuerdo con el evangelio y nuestros hechos en esta vida.

XXI. El Destino Eterno

¶A/130. Nuestro destino eterno es determinado por la gracia de Dios y nuestra respuesta, y no por decreto arbitrario de Dios. El cielo de gracia eterna y la bienaventuranza de la presencia de Cristo esperan los que confían en él y obedientemente siguen a Jesús como Señor y Salvador. Pero un infierno de sufrimiento eterno y separación de Dios esperan los finalmente impenitentes.

POR FAVOR SIENTASE LIBRE DE LEER LOS PASAJES PARA COMPROBAR NUESTRA DOCTRINA.

¶A/131. Las doctrinas de la Iglesia Metodista Libre están basadas en las Santas Escrituras y derivadas de su contexto bíblico total. Las siguientes citas indican pasajes apropiados relacionados con los artículos indicados. Aparecen en su orden de sucesión en la Biblia. Esta lista de citas no es exhaustiva.

Creemos que lo que no es comprobado Biblicamente no es necesario para la Salvacion

DIOS

I. La Santa Trinidad

Génesis 1:1-2; Exodo 3:13-15; Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19; Juan 1:1-3; 5:19-23; 8:58; 14:9-11; 15:26; 16:13-15; II Corintios 13:14.

II. El Hijo — Su Encarnación

Mateo 1:21; 20:28; 26:27-28; Lucas 1:35; 19:10; Juan 1:1, 10, 14; II Corintios 5:18-19; Filipenses 2:5-8; Hebreos 2:17; 9:14-15.

El Hijo — Su Resurrección y Exaltación

Mateo 25:31-32; Lucas 24:1-7; 24:39; Juan 20:19; Hechos 1:9-11; 2:24; Romanos 8:33-34; II Corintios 5:10; Filipenses 2:9-11; Hebreos 1:1-4.

III. El Espíritu Santo — Su Persona

Mateo 28:19; Juan 4:24; 14:16-17, 26; 15:26; 16:13-15.

El Espíritu Santo — Su Obra en la Salvación

Juan 16:7-8; Hechos 15:8-9; Romanos 8:9, 14-16; I Corintios 3:16; II Corintios 3:17-18; Gálatas 4:6.

El Espíritu Santo — Su Relación con la Iglesia

Hechos 5:3-4; Romanos 8:14; I Corintios 12:4-7; II Pedro 1:21.

LAS ESCRITURAS

IV. Autoridad

Deuteronomio 4:2; 28:9; Salmos 19:7-11; Juan 14:26; 17:17 Romanos 15:4; II Timoteo 3:14-17; Hebreos 4:12; Santiago 1:21.

V. La Autoridad del Antiguo Testamento

Mateo 5:17-18; Lucas 10:25-28; Juan 5:39, 46-47; Hechos 10:43; Gálatas 5:3-4; I Pedro 1:10-12.

VI. El Nuevo Testamento

Mateo 24:35; Marcos 8:38; Juan 14:24; Hebreos 2:1-4; II Pedro 1:16-21; I Juan 2:2-6; Apocalipsis 21:5; 22:19.

El Ser Humano

VII. Una Persona Moral Libre

Génesis 1:27; Salmos 51:5; 130:3; Romanos 5:17-19; Efesios 2:8-10.

VIII. La Ley de la Vida y del Amor

Mateo 22:35-40; Juan 15:17; Gálatas 3:28; I Juan 4:19-21.

IX. Las Buenas Obras

Mateo 5:16; 7:16-20; Romanos 3:27-28; Efesios 2:10; II Timoteo 1:8-9; Tito 3:5.

LA SALVACIóN

X. El Sacrificio de Cristo

Lucas 24:46-48; Juan 3:16; Hechos 4:12; Romanos 5:8-11; Gálatas 2:16; 3:2-3; Efesios 1:7-8; 2:13; Hebreos 9:11-14; 25-26; 10:8-14.

XI. La Vida Nueva en Cristo

Juan 1:12-13; 3:3-8; Hechos 13:38-39; Romanos 8:15-17; Efesios 2:8-9; Colosenses 3:9-10.

La Justificación

Salmos 32:1-2; Hechos 10:43; Romanos 3:21-26, 28; 4:2-5; 5:8-9;

I Corintios 6:11; Filipenses 3:9.

La Regeneración

Ezequiel 36:26-27; Juan 5:24; Romanos 6:4; II Corintios 5:17; Efesios 4:22-24; Colosenses 3:9-10; Tito 3:4-5; I Pedro 1:23.

La Adopción

Romanos 8:15-17; Gálatas 4:4-7; Efesios 1:5-6; I Juan 3:1-3.

XII. La Entera Santificación

Levítico 20:7-8; Juan 14:16-17; 17:19; Hechos 1:8; 2:4; 15:8-9; Romanos 5:3-5; 8:12-17; 12:1-2; I Corintios 6:11; 12: 4-11; Gálatas 5:22-25; Efesios 4:22-24; I Tesalonicenses 4:7; 5:23-24; II Tesalonicenses 2:13; Hebreos 10:14.

XIII. La Restauración

Mateo 12:31-32; 18:21-22; Romanos 6:1-2; Gálatas 6:1; I Juan 1:9; 2:1-2; 5:16-17; Apocalipsis 2:5; 3:19-20.

LA IGLESIA

XIV. La Iglesia

Mateo 16:15-18; 18:17; Hechos 2:41-47; 9:31; 12:5; 14:23-26; 15:22; 20:28, I Corintios 1:2; 11:23; 12:28; 16:1; Efesios 1:22-23; 2:19-22; 3:9-10; 5:22-23; Colosenses 1:18; 1 Timoteo 3:14-15.

XV. El Lenguaje de la Adoración

Nehemías 8:5, 6, 8; Mateo 6:7; I Corintios 14:6-9, 23-25.

XVI. Los Sacramentos

Mateo 26:26-29, 28:19; Hechos 22:16; Romanos 4:11; I Corintios 10:16-17; 11:23-26; Gálatas 3:27.

El Bautismo

Hechos 2:38,41; 8:12-17; 9:18; 16:33; 18:8; 19:5; Juan 3:5; I Corintios l2:13; Gálatas 3:27-29; Colosenses 2:11-12; Tito 3:5.

La Cena del Señor

Marcos 14:22-24; Juan 6:53-58; Hechos 2:46; I Corintios 5:7-8; 10:16; 11:20; 23:29.

LAS úLTIMAS COSAS

XVII. El Reino de Dios

Mateo 6:10, 19-20; 24:14, Hechos 1:8; Romanos 8:19-23; I Corintios 15:20-25; Filipenses 2:9-10; I Tesalonicenses 4:15-17; II Tesalonicenses 1:5-12; II Pedro 3:3-10; Apocalipsis 14:6; 21:3-8; 22:1-5, 17.

XVIII. El Retorno de Cristo

Mateo 24:1-51; 26:64; Marcos 13:26-27; Lucas 17:26-37; Juan 14:1-3; Hechos 1:9-11; I Tesalonicenses 4:13-18; Tito 2:11-14; Hebreos 9:27-28; Apocalipsis 1:7; 19:11-16; 22:6-7, 12, 20.

XIX. La Resurrección

Juan 5:28-29; I Corintios 15:20, 51-57; II Corintios 4:13-14.

XX. El Juicio

Mateo 25:31-46; Lucas 11:31-32; Hechos 10:42; 17:31; Romanos 2:15-16; 14:10-11; II Corintios 5:6-10; Hebreos 9:27-28; 10:26-31; II Pedro 3:7.

XXI. El Destino Eterno

Marcos 9:42-48; Juan 14:3; Hebreos 2:1-3; Apocalipsis 20:11-15; 21:22-27.